La Espiral del Silencio, la Ley de la Palanca y la Ley del Mínimo Esfuerzo

La teoría conocida como “La espiral del silencio” teorizada por Elisabeth Noelle-Neuman, nos intenta explica que la sociedad aísla con el silencio las ideas, las organizaciones, o las personas que expresan ideas diferentes o contrarias a las consideradas mayoritarias.

Todos tendemos a asumir como “normal” aquello que por ser aceptado por la gran mayoría ya lo consideramos todos como “normal”. Es precisamente ese su gran valor, que ya sean ideas que se consideran correctas y asumibles por la mayoría de los que nos rodean. Pero la verdad es que la capacidad de manipular esas mayorías es abrumadora y con ello la capacidad de enterrar en el silencio a lo que ya no nace mayoritario. Si logramos convertir simplemente en aceptable lo que es “gris” y nos lo manipulan por los que les interesa que sea “el freno a todo lo demás”, hemos logrado aupar en mayoritario lo que es gris y condenar al silencio todo lo que se salga de esa línea.

Para aceptar lo gris, lo sencillo, lo mediocre, se necesita mucho menos esfuerzo que intentarlo con lo novedoso, lo diferente, lo contrario a lo establecido. Es un brazo de la Ley del Mínimo Esfuerzo.

Hay también una tendencia (casi) no escrita completamente por la que todos deseamos ser mayoría. Todos queremos tener razón o al menos que nuestras razones coincidan con las de la mayoría para no ser discutidas con facilidad y además por todos. Y todos también queremos ganar (aunque digamos que no), por mucho que sea ganar entre una inmensa mayoría que nos diluye tanto que no parezca que hayamos ganado como persona sino acaso como lo que representamos siendo una simple hormiguita. Entre ganar como hormigas o perder como leones, preferimos en la inmensa mayoría de los casos, lo primero.

Si surge una idea, una persona, una organización que plantea escenarios diferentes, lo tiene muy crudo. Excepto que no tenga que competir con (contra) nadie por haber encontrado un hueco vacío. Una idea nueva no llega (casi nunca) a un lugar donde no haya ideas. Y como ya hay muchas ideas, tiene que buscar su propio espacio, su hueco, peleando contra todas las demás a codazos. Lo normal es que: o es muy contundente y clara y se hace su propio hueco, o que se hunda en el silencio de todos los demás que se unen para zancadillear. O también que tenga la suerte de llegar en un momento especial en el que todos necesitan abrazar algo nuevo, pues el resto representan el caos.

La espiral del silencio funciona de una forma maliciosa contra las ideas nuevas que no son contundentes, pues cuanto más se expanden las ideas básicas y asentadas, las consideradas mayoritarias, menos espacio les queda a las ideas nuevas, y ellas solas se van perdiendo entre el silencio. Pero hay posibilidades de revertir estas opciones. La más básica es presentar la “idea nueva” con suma contundencia desde el principio, ser una idea básica y delimitada para poder mantenerla sin cambios durante un buen tiempo hasta que logre un espacio propio; y a partir de ese espacio aunque pequeño, empezar a expandirse con suma contundencia y sin desaliento.

Es un poco el emplear otra ley viejísima. La Ley de la Palanca. Dadme un punto de apoyo y os moveré a todos. Si una iniciativa nueva logra encontrar un punto de apoyo, nunca debe abandonarlo y sobre él intentar hacer palanca para abrirse espacios. Este proceso tiene una desventaja. Es lento. Y no siempre somos capaces de planificar los tempos, los tiempos, las supervivencias a medio plazo.

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