10.3.12

La trampa de la liquidez provocada por los Bancos Centrales


Hace unos años la “trampa de la liquidez” se sostenía como una posibilidad creíble y de libro dentro del marco de la crisis económica donde nos encontramos en la actualidad, cuando tras la caída en la demanda de dinero, los bancos centrales bajaron sus tipos de interés hasta tasas cercanas a cero. 
Dotaban de más liquidez al sistema económico y a precios muy baratos, para que hubiera más actividad.

¿En qué consiste realmente esta práctica? 
Es básicamente uno de los ejes centrales del discursos keynesiano, por lo que merece echarle un vistazo:
Tipos de interés muy bajos, inducidos por un valor teórico que puede llegar a ser negativo, expresan que el valor del dinero está en mínimos o, desde la otra cara de la moneda, que el valor de los activos está en máximos. Esto es, nadie quiere invertir su dinero porque no hay perspectivas de que eso vaya a tener una rentabilidad alta, ya que el valor de los activos en los que va a invertir, o la demanda que debería suplir con ellos, no va a aumentar, al menos en el corto plazo. Como nadie quiere dinero, los tipos de interés bajan.
Se plantean en el marco de la crisis dos vías de actuación política e institucional: La política monetaria y la fiscal, como mecanismos de expansión de la economía que suavicen (más que revertir) el ciclo.
La monetaria consiste en aumentar la oferta monetaria, inundar el mercado de dinero barato con la esperanza de que acabe llegando a la economía real y se incentive la actividad económica. Esta es la teoría claro, porque hay tres posturas muy diferentes frente a esa idea:
  • Aumentar el dinero no aumentará la actividad económica, únicamente generará inflación (lado de la oferta). [A día de hoy las tensiones inflacionistas están cayendo y no parece que la vaya a haber subidos fuertes. En todo caso, los riesgos del petróleo harán de las suyas, pero la inflación subyacente está como está.]
  • Aumentar la oferta monetaria conseguirá incentivar la actividad económica. Ya que los bancos que reciban el dinero lo prestarán y se generará inversión.
  • Aumentar la oferta monetaria no servirá de nada, porque no hay incentivos para invertir y, por tanto, lo único que se conseguirá es aumentar el atesoramiento (versión keynesiana).
¿Y qué sucede en la realidad?
De momento sabemos que el BCE da dinero a espuertas a los bancos, al 1%, y estos devuelven una gran cantidad del mismo a los depósitos del BCE. Semana tras semana, record tras record. El dinero que da el BCE (como los 490.000 millones de que dieron hace una semana) no acaba en el sector privado de forma directa, sino que vuelve de nuevo en el BCE (ahora los depósitos están en record, con 827.000 millones). De camino, una pequeña parte acaba en los gobiernos en forma de Carry Trade, lo cual nos puede dar para otro debate interesante.

¿Podemos establecer por tanto que se cumple la trampa de la liquidez?
No, no es tan sencillo. Porque los bancos también tienen que mantener unas reservas mínimas en el BCE, por norma. Se exige una media, no una totalidad, por lo que los bancos suelen meter mucho dinero de golpe en esas facilidades para cumplir la media y, una vez que la han cumplido volver a jugar con el dinero.
Si os fijáis en el gráfico se ven muchas rayas hacia abajo, muchos picos, exactamente unos 12 por año (ya que estas exigencias se hacen de mes a mes).
Por otro lado, el dinero que aumenta en los depósitos del BCE puede incluso ser superior al aumento de oferta monetaria según comentan algunos analistas, por lo que si que es cierto que al menos parte del dinero que se deposita de nuevo en el BCE incluye factor riesgo, y, por tanto sería la trampa de la liquidez la que estaría haciendo de las suyas.
Veremos con un poco más de tiempo como evoluciona el total de dinero dispuesto en las arcas del BCE y si la subida que se ha experimentado estos días es un simple pico derivado de los movimientos técnicos o un aumento de la tendencia, como viene ocurriendo desde el año pasado. Lo más seguro es que, como en todo, se quede en un punto intermedio.