Como poco, cuando no estamos con nadie, estamos con nosotros. Es un pequeño punto de partida, lo sé, y sé también que casi nunca es suficiente. Pero es algo.
La soledad pues, no debería ser el estado en el que no estamos con nadie; sino el estado en el que tampoco estamos con nosotros mismos.
Es posible que no nos guste estar con nosotros, y eso es otro problema. ¿No nos queremos? ¿No nos vemos capaces de estar con nosotros y de ayudarnos?
Si no nos gustamos, tenemos la autoestima baja o muy baja, y entonces sí estamos realmente solos, pues no tenemos a nadie, tampoco a nosotros mismos.
Si sucediera eso, tan importante es buscar compañía exterior como empezar a querernos, a respetarnos, a conocernos más y mejor, a que nuestra propia compañía sea importante.
Como es lógico esto lo debe tratar un profesional de la psicología. O como poco el médico de familia que nos puede ayudar o dar consejos. Antes eran los curas en la confesión o los vecinos en las aceras por las tarde noche.
Pero es importante el diagnóstico previo, para buscar soluciones previas.